8 EL PAÍS DE LOS FARAONES

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“…Emprenden viaje mecidos por una suave brisa, a lo lejos entre brumas  se insinúa Alejandría, la ciudad  soñada, y nunca mejor dicho, ya que surgió de un sueño de Alejandro Magno en el que se le apareció un anciano  de cabellos muy blancos  recitándole varias veces un enigmático  pasaje de la Odisea que decía:
“Hay a continuación una isla en el mar turbulento, delante de Egipto, que llaman Faros”
Al día siguiente, Alejandro fue a  la isla mencionada por el anciano,  y se dio cuenta que uniéndola con la tierra firme a través de un dique era un emplazamiento estratégico.  Delineó  la ciudad con harina y no pudo acabar el trazado, que enormes aves surgidas del mar y de los ríos se comieron la harina.  Creyó ver en  esto indicio de un mal presagio, pero los adivinos  que le acompañaban le  dijeron que, por el contrario, este hecho   era señal inequívoca  de que la ciudad sería tan rica y próspera que daría alimento a todos los pueblos de la tierra.  Y así fue,  este pueblo de pescadores ubicado en el delta del Nilo se convertiría en el granero de Roma que les proporcionaría trigo, cebada, lino y centeno y riquezas que llegarían a su  puerto  y se repartían por todo el mundo. Y su faro guiaría  a los navegantes durante siglos hasta su destrucción en el siglo XIV…”

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“…Con orgullo les explica que Alejandría se convirtió en  uno de los primeros sitios en irradiar el cristianismo. Aquí se había escrito el evangelio de San Mateo.  Y también fue foco de cultura griega y judía. Y se pone a narrarles pasajes  bíblicos con tantos vividos detalles que les parecía ver y oír a  San Marcos predicando el evangelio  en   Alejandría.
Sekani era copto y según él ellos eran los únicos verdaderos egipcios, descendientes directos de los faraones.  Orgulloso les explica que el  nombre copto viene de una derivación fonética de la palabra Egipto  en árabe. Y efectivamente, por sus características étnicas e históricas, ellos eran los auténticos hijos del sol. Su lengua  deriva de la escritura jeroglífica y su liturgia del patriarcado de Alejandría…”

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“…La primera cita la tenían en el  museo arqueológico del Cairo, un majestuoso edificio neoclásico en medio de una céntrica plaza en la que convergen  las principales calles,  y líneas de transporte.
Estaban llegando a la puerta cuando de  pronto Diana se detiene  frente al edificio y exclama asombrada:
—¡Me parece estar en Buenos Aires, frente a la casa rosada!
Y varios le dieron la razón.
—Por fuera será parecido, pero por dentro lo dudo —dice orgulloso Zahi, el director del museo, que había salido a recibirles y escuchó la conversación—. El nuestro fue construido imitando  la forma de un templo egipcio, por dentro y por fuera. Y dudo que el vuestro  tenga una esfinge en medio de la plaza guardando su entrada.  La única semejanza sea quizá que también lo diseño un arquitecto  francés.
Todos miraron a Diana, cuyas mejillas se tiñeron de arrebol, avergonzada de la desatinada comparación.
Tras esta  bienvenida, inician el recorrido mientras escuchan atentamente  las explicaciones de sus guías. Había por todos lados tesoros, en vitrinas, estanterías, salas y más salas. Colosales estatuas por todos lados dominaban todo con su  mirada perdida en el horizonte o en el más allá,  mirando el futuro, el pasado y  la muerte…Uno diría que es igual a cualquier otro museo si no fuese por la inmensa cantidad de momias y sarcófagos.  Algo sobrecogedor porque nos muestran una cultura obsesionada con el  otro mundo. Y mientras recorrían toda esa sucesión de momias, les  iban  contando sobre la momificación y el trabajo que implicaba sacar todos los órganos sin dañar el cuerpo.
—El corazón era el único órgano que no se extraía del cuerpo, porque para los antiguos egipcios en el corazón  residía la sabiduría y el conocimiento.  Al morir, Mat, el dios de la verdad,  lo pesaba en una balanza con una pluma.  Si pesaba más, lo arrojaba a unas bestias que lo devoraban.  De este delicado equilibrio dependía el hecho de que pudiesen  seguir o no el viaje sanos y salvos…”

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“…Se paran enfrente de Akenaton, el faraón hereje que cambio la capital, e intentó imponer un nuevo y  único Dios en Egipto.
—¡Parece un extraterrestre! —exclama José al ver ese rostro afilado y extraño.
—No sé si fue extraterrestre, pero para los antiguos egipcios sí lo fue, y  fue un gran misterio para nosotros durante siglos ya que esta fue  una época en que ellos mismos se preocuparon de borrar los rastros e intentaron olvidar.  A su muerte destruyeron hasta sus figuras de los templos, pocas quedaron intactas.
—¡Pero fue el primer faraón monoteísta, un auténtico revolucionario! —exclama Rebeca.
—A la gente les gusta sacar conjeturas y darle más importancia de la que tuvo.  La revolución de Akenáton no fue ninguna revolución porque no tuvo como finalidad hacer una reforma social  y menos aún religiosa,  sino simplemente expropiar el tesoro de  todos los templos, despojar a los sacerdotes de sus privilegios, y ponerlos a trabajar como a cualquier otro mortal. Estos habían adquirido tanto poder y riqueza que hacían sombra a la autoridad del  faraón, pero no hubo intención de  cambio social significativo.  Ni reformas de ningún tipo.  El pueblo no veía  ninguna ventaja en adorar a un solo dios. Los dioses estaban en los templos, muy bien guardados y muy pocos podían acceder a ellos.  Los ritos eran sumamente complicados. En las festividades, una vez al año, salían en procesión cuidadosamente cubiertos y los paseaban por las calles o en barcas por el Nilo y este era  el único momento en que el pueblo tenía “contacto” con sus dioses y se comunicaban con ellos a través de lo que llamaban el oráculo: Hacían una pregunta simple que se respondían con un sí o un no.
—¿Los dioses hablaban? —pregunta atónita Diana…”

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“…Siguen caminando entre tesoros y llegan a la planta superior, totalmente dedicada al faraón más internacional  de todos. Zahi se para delante de la famosa mascara de Tutankamón que refulgía como el sol y les miraba   fijamente con sus pupilas de obsidiana.
—La veo todos los días y ni aun así deja de sorprenderme.  Esa  mirada lánguida y dulce y esos ojos rasgados delineados con kohl  me  hipnotizan, a la vez que siento como si quisiera  hablarme y contarme su vida.
Se quedaron extasiados ante la máscara del rey niño finamente tallada, recubierta con el oro  de Nubia golpeado y bruñido y con plata de oriente,  piedras preciosas y turquesas  del Sinaí,  la más bella obra de arte jamás encontrada.  Al lado estaba el  sarcófago de oro macizo que pesaba  más de 100 kilos.
—Fue uno de los más grandes hallazgos arqueológicos. Y para nosotros fue nuestro cofundador, porque gracias a sus tesoros pudimos financiar nuestro museo.
—Recuerdo —dice Diana que seguía pensando en la famosa tumba, y  había visto muchas películas sobre ella— que a la entrada había una inscripción que  decía “La muerte sorprenderá con sus poderosas alas a quien toque la tumba del faraón”.
—Eso es ficción —le corrige riendo Zahi—. Esa inscripción no la encontramos nunca.  La inventaron los guionistas. Al común de la gente les encantan esas historias de fórmulas mágicas, conspiraciones, maldiciones y misterios…”

 

 

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“…Les cuentan como por casualidad un soldado francés encuentra la famosa piedra de basalto negro con inscripciones en tres idiomas,  lo que permitió descifrar los textos antiguos.
—Este descubrimiento dio voz a nuestras momias que se sacudieron de su polvo milenario,  la historia comenzó a hablarnos, a contarnos maravillas que cambiaron nuestra percepción del mundo conocido.  Es como una puerta que se abre de par en par y nos adentramos por un camino fascinante y misterioso que no sabemos hasta dónde nos va a llevar.
—Nosotros somos diferentes a todos los museos.   Aquí nos traen los objetos arqueólogos de todos los países del mundo.   Nosotros no compramos.  No vamos  a buscar piezas.  Solo recogemos y tenemos un equipo de especialistas que están todo el día clasificando.  Hemos creado un registro.  Claro que  ahora lo tenemos todo digitalizado, pero se nos ha quedado pequeño…”

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“…—Entre los jóvenes aristócratas europeos del siglo pasado se extendió la moda de llevarse  una momia y organizar  una comida para impresionar o divertir  a los huéspedes.  Al parecer a  estos  les emocionaba la posibilidad de contemplar  la cara apergaminada de un verdadero egipcio de la época de los faraones. Otros lo utilizaron  como combustible para las locomotoras o como abono para los campos.  Los americanos más prácticos en una época de escasez importaban  momias para hacer papel.  Y si detuvieron la costumbre no fue por motivos morales o religiosos, sino debido a un brote de cólera.  También se vendía el polvo de momia como fórmula mágica para la longevidad.  En fin, todo tipo de atropellos.  Claro que se llevaban no solo momias sino también obeliscos y joyas…  Ahora por suerte hay más  respeto…”

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“…Les llevan en el centro del Cairo a  la mezquita más grande, la de Al Fath que hasta el siglo pasado  había estado siendo utilizada como hospital de campaña y como morgue. Tras  grandes obras de renovación y ampliación volvió a abrirse en los noventa, y cuenta con una biblioteca nacional y un centro islámico.  Durante las protestas  los hermanos musulmanes la convirtieron en fortaleza.
Pero lo que más les sorprendía era ver la  cantidad de egipcios que caminaban cargando esas alfombras  que cumplían la función de  mezquitas ambulantes.  A la hora de la oración, sin ningún recato las desenrollaban y se ponían a rezar en medio de los transeúntes.  Sekani les explica como la cosa más lógica y  natural del mundo:
—Desde la guerra de los Seis Días han proliferado.  Muchos han visto esta derrota como un castigo divino por su falta de fe y se han volcado en el celo religioso que ha aumentado así como los decibelios a la llamada a la oración y los velos o burkas…”

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“…—Y también como antes somos solidarios, tenemos un fuerte espíritu de cooperación y  compartimos espacio con los animales.  Y sobre todo, ¡amamos la  buena vida!
—Pero en el sexo no os parecéis nada —observa Gabriel.
—Es verdad.  En el antiguo Egipto era todo lo contrario. El casamiento no estaba ni siquiera formalizado, solamente significaba “compartir casa”. No existía la idea de “hijos ilegítimos”. Todos eran hijos “naturales”.  No era importante  ni  la virginidad, la homosexualidad o el adulterio, lo único que se temía era la infertilidad. Y  la  fertilidad era tan importante que hasta los hombres hacían hechizos que iban desde velas a incienso a tomar pócimas o brebajes. Uno de ellos por ejemplo era  beber  agua de rosas mezclada con pescado seco del Nilo
Y como ellos estaban sorprendidos les explica:
—Antiguamente se creía  que era el sexo lo que había dado lugar a la creación del mundo. El poder supremo surgió de la noche de los tiempos, se masturbó y se convirtió en el dios Ra, su semen dio nacimiento a los primeros seres divinos. El faraón estaba encargado de traer fertilidad al Nilo.  En una ceremonia anual se masturbaba en el agua.  La potencia sexual del faraón estaba enlazada a la cosecha y esta  era muy importante porque de ello dependía el bienestar de todos.
—El que se la tomo muy en serio esta idea  y fue su  mayor exponente fue Ramsés II, el grande,  famoso por su apetito sexual.  En sus 91 años de vida no perdió el tiempo,  tuvo más de cien hijos, se casó con mujeres exóticas, además de con su  hermana y con  tres de sus propias hijas…
—La potencia sexual era un deber religioso.  Pero además, a diferencia de ahora, la mujer gozaba de igualdad con el hombre, podían decidir vivir juntos o separarse, comprar propiedades y tenían los mismos salarios y derechos que ellos.  Algo inimaginable en nuestros días.
—A veces pienso si no caminamos como los cangrejos, con dos pasos adelante y uno inmenso hacia atrás…Se han encontrado inscripciones con  textos de hace miles de años que aconsejan no tener una conducta machista.   Para nuestros antepasados el equilibrio entre hombre y mujer era como el Yin y el Yang, el femenino y el masculino, y formaba parte del mismo equilibrio de la vida….”

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“…Al día siguiente se unió Zahi a la expedición de las pirámides, para descubrir el Egipto faraónico.   Eso sería toda una excursión en el tiempo y en la historia…”

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“…Señalando la  gran esfinge plantada enfrente de la pirámide de Kefren,  Zahi les comenta:
—Según la leyenda  su cara esta desfigurada a causa del ejército de Napoleón que la  usaba como diana. Leyenda o verdad da lo mismo porque  ahora se está  deteriorando desde el interior debido  a las aguas subterráneas…”

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“…—Estas obras solo pudieron hacerse a base de una legión de esclavos—sentencia Jose
—No  fueron esclavos sino artesanos y obreros contratados—le corrige Sekani.
Todos se quedan sorprendidos porque hasta en la misma Biblia nos había llegado esa imagen de esclavitud.
Y como leyendo en sus mentes  les aclara:
—La Biblia habrá recopilado relatos de otros relatos. A Herodoto cuando visitó Egipto  le contaron que las pirámides fueron construidas por esclavos como si le hubiesen contado que los canales fueron hechos  por los hipopótamos.   ¡Pero no hay pruebas de la existencia de la esclavitud! ¡Todo lo contrario!
Zahi respaldando a su amigo confirma:
—Es verdad. Nosotros estamos casi seguro que fueron construidas por  hombres asalariados.
—¿Y qué pruebas tenéis para  llegar a esa conclusión?
—Porque hemos  encontramos registros de la primera huelga de trabajadores de la que se tiene constancia, y que al parecer fue todo un éxito porque consiguieron lo que pedían y hasta más. Que sepamos los  esclavos no organizan huelgas.
—Pero la Biblia dice… —balbucea Gabriel.
—Diga lo que diga  —corta  Sekani— es muy difícil que los esclavos judíos hiciesen las pirámides ya que estas hace mucho que se habían dejado de construir.
Pero ellos se quedaron curiosos con  esta huelga que les daba un inusitado toque de modernidad a  sus antepasados y les hacía sentirles más próximos a ellos. Zahi les cuenta:…”

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“…—Cuando los ptolomeos dominaron Egipto, encargaron a un sacerdote que escribiese la historia de Egipto: Manetón.
—¿Solo uno? —Interrumpe Gabriel—. La traducción de nuestra  historia la  encargaron a los setenta y dos sabios. Y como no se fiaban, los ubicaron  en celdas separadas y totalmente incomunicadas para estar seguro que no les engañarían. Y milagrosamente así fue. ¡Todos escribieron lo mismo y hasta hicieron las mismas correcciones al texto original!
—Justamente a eso voy, la  historia de Egipto que es la que todos conocíamos a través de las traducciones de textos griegos,  fue escrita por este  sacerdote que narró acontecimientos que ocurrieron hace miles de años. No había otras fuentes con las que  contrastar su relato con  lo que pone en tela juicio su  veracidad. No sería de extrañar que  los hechos estuviesen distorsionados o sumamente  idealizados más  cuando los tiempos de gloria habían quedado muy atrás.  Solo menciona un pueblo de Canaán que partió de Egipto y fundó Jerusalén.  Eso hizo que buscásemos un pueblo extranjero que vivió en Egipto. Y encontramos en los dibujos referencias a un pueblo diferente.
—¿Y cómo sabéis que eran diferentes?
—Porque los  representaban con piel amarilla, vestidos con coloridas túnicas. Lo curioso es que utilizaban el mismo nombre para denominar a los esclavos que para nombrar a este pueblo de inmigrantes.   Pero hemos logrado descubrimientos asombrosos. ¿Os mostró Zahi la estela de Amosis  en el sótano del Cairo?
Contestan al unísono con un lacónico “NO”.
Les explica que Amosis fue el faraón que expulsó a los Hicsos en la que se narra un relato similar al Éxodo.  Y que curiosamente uno de los significados del nombre de  Moisés es “hermano de Amosis…”

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“…—Yo pienso —reflexiona con  voz pausada y bajando el tono de voz como  para que sus palabras tengan más efecto—  que no se han encontrado pruebas concluyentes porque buscamos en otra época. La Biblia data al Éxodo  en la época de Ramsés.  Pero  dudo que fuese esa época porque estaría reflejado en la historia.  Y lo veo difícil.  Es como si buscamos vestigios de la segunda guerra mundial pero en vez de en el siglo XX, en el siglo XVII.  Mi teoría es   que el éxodo se ubicaría en la época de los hicsos…
—¡Pero los hicsos fue la expulsión de una dinastía  de reyes y  la Biblia nos cuenta la historia  de un pueblo de  esclavos que fue liberado.   ¡Seria justamente lo contrario! —exclama Gabriel—.El éxodo no puede haber invertido la historia tanto.
—Es que no hubo éxodo —irrumpe  tajante  Sekani, que había seguido a disgusto toda la conversación. —Moisés era un sacerdote egipcio resentido que guió al desierto una colonia de leprosos. ¡Y no se fueron  sino que les  echamos nosotros!
Pensaron que era un chiste pero no tuvieron tiempo de averiguarlo porque Sekani se marchó abruptamente de la cena sin siquiera despedirse  con el pretexto de que tenía un asunto  urgente que resolver. Todo lo que escucharon fue un estridente portazo.
Ellos se quedaron de una pieza.  Cuando se quedan solos, Joseph al ver  el estupor de ellos,  concluye como lo más natural del mundo:
—Sekani es egipcio.
Como seguían sin entender  les explica:
—No los comprendéis como no los comprendió Napoleón, ni nadie.  La historia de los hicsos es algo traumático para ellos.  Estos  despreciables extranjeros venían del desierto, del reino de la muerte, eran culturalmente inferiores a ellos y que  les dominaran no deberá resultarles para nada agradable.  ¡Habían arrebatado el poder a los faraones, a los hijos del sol!
—Pero nosotros hablábamos de un tema bíblico. No entiendo qué le pudo ofender.
—El  éxodo de los judíos para ellos no es un “tema bíblico”,  es una historia actual  que está en carnes vivas. Y es un tema delicado, diría que “tabú”.  Creen que el solo plantear esa posibilidad es proporcionar a Israel un derecho histórico sobre la región.   Sé que vosotros no lo podéis entender.  Pero aquí en Egipto, aunque lleves toda la vida, siempre serás y te verán como extranjero.  Y Moisés no es un personaje popular.  Yo nunca hablo de judíos, de éxodo o de Moisés….”

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“.. Pablo expresa el deseo de todos.
—Me encantaría ir al monte Sinaí. Pero no queremos cruzar el Mar Rojo.
—El Mar Rojo no hace falta cruzarlo porque probablemente nunca lo  cruzaron los judíos.
Y se quedan mudos de asombro mirándolo. Continúa su historia.
—Esta confusión se debió a una mala traducción de la Biblia.  En la Biblia decía Yam Suf, que significa mar de juncos.  Y como sabéis  los juncos no crecen en agua salada. Quizá fuese una  laguna que estuviese conectada al mar por lo que su agua podría resultar salada.  Creemos saber dónde está pero al hacer la obra del  canal de Suez se secó. Aquí las aguas y los seísmos cambiaron muchas veces el mapa de Egipto…”

“..De pronto dice Gabriel:
Quizá Sekani  no se haya equivocado y tenga razón.
Todos le miran asombrados. Y él tranquilamente prosigue:
—Quizá nos hayan  expulsado y Moisés fue nuestro guía por el desierto…  Pero hemos aprendido, o al menos yo he aprendido   que demostrar la veracidad del relato bíblico  carece de total  importancia. Ni siquiera es importante si existió el Éxodo  o no.
Todos le miraban atónitos.  Parecía que a Gabriel esas gigantescas edificaciones le habían trastornado, o el implacable sol del desierto le había derretido el seso y nublado la razón. Pero él  continúa como si estuviese hablando consigo mismo.
—Lo que quiero decir es que da lo mismo si nos expulsaron o nos liberaron, si nos fuimos o nos echaron, así como tampoco importa  si fuimos elegidos o nos auto elegimos cuando toda nuestra cultura gira en torno a este hecho así  como  la suya en torno a la nostalgia de esa  edad de oro perdida…”

“…—Aquí hay un dicho que dice que “quien bebe el agua del Nilo tiene que volver o quedarse”.  Así que vosotros, como ya la habéis bebido, tenéis cualquiera de las dos opciones  —les informa Joseph
—¡Preferimos volver! —coincidieron todos.
—Entonces para eso primero tenéis que iros…”

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“…—¡No podemos partir!
Y como todos le clavaron una mirada inquisitiva a modo de explicación pronuncia un lacónico:
—Hoy es martes 13.
Y todos se rieron porque pensaron que era un chiste, pero ella seguía en sus trece e insistía que no podían partir.
—No podemos ni casarnos ni embarcarnos, es mala suerte.
Gabriel se le acerca y le explica:
—13  es suerte, pero suerte en hebreo, que se designa con la palabra Signo.
Y el Ari le explica que para los cabalistas, Mazal o suerte en hebreo  es un acrónimo formado por las iniciales de otras tres palabras: Lugar, Tiempo y Enseñanza.
Y como ella seguía sin entender le explica:
—Quiere decir que tener o no tener suerte depende de nosotros no de las circunstancias. En una palabra “la mala suerte” es simplemente no aprender de cada Lugar y cada Momento la enseñanza que la vida organiza para nuestro crecimiento, aun cuando a veces sea una prueba difícil.  El 13 es el número que escapa al destino, son doce signos del Zodíaco, doce meses, doce horas, las doce tribus…Es algo que no controlamos.  Pero es una experiencia que no podemos evitar y si la sabemos aprovechar nos va a dejar  alguna enseñanza…”·

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“…Y siguieron haciendo reflexiones sobre el 13, contando  anécdotas o chistes pero aun hasta los que hasta ese entonces lo consideraba una superstición absurda, se convencieron que no era tan absurda sino que tenía  fundamento, ya que se basaba en esa reacción tan humana de miedo al cambio y terror a lo desconocido… La misma razón por la que nos cuesta tanto a todos “salir de Egipto” , así que se alegraron de levar anclas y ya lejos de las costas egipcias, recordar con nostalgia a ese  país que cuando  otras civilizaciones estaban en pañales o no eran ni siquiera un sueño, el  ya declinaba lánguidamente…ya era viejo… Ya había conocido la gloria y la caída, la grandeza y la miseria y sabía que el oro sin cultura, y las riquezas sin amor y sin compartirlas  solo desatan  la codicia y llevan  a un baño de sangre, fuego, destrucción y muerte…”

(Fragmentos del Libro “La Quintaesencia de la Vida”)

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