5 ESMIRNA LA INFIEL

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“…Recorren la mítica Esmirna, famosa por ser una de las siete  ciudades nombradas en el Apocalipsis. La única que todavía sigue en pie. Ciudad que como tantas otras,  pasó de mano en mano  y formó parte de todos los grandes imperios. Comerciantes genoveses, franceses y de  todo el mundo atracaron en  sus costas,  dándole ese aire tan cosmopolita, y sus habitantes fueron perseguidos,  exterminados o expulsados.
Para recorrer la ciudad se les ofrecen varios guías, que no solo eran parte del grupo sino que también eran  amigos personales de la pareja, que habían vivido  toda la historia de Esmirna a través de sus propios ojos o lo  de sus padres.  En su retina llevaban cantidad de imágenes grabada vista por cada uno según un diferente prisma.   Y les encantaba compartir sus experiencias.
La mujer del matrimonio griego, Sofía,  les comenta:
—Durante el imperio otomano había cabida para todos, todas las comunidades vivíamos  en respeto y armonía,  pero en el país de los jóvenes turcos  ya no había cabida para todos porque el mundo se dividió en” nosotros y  los otros”… o en “nosotros y ellos”… Y nosotros, o los “rum” como nos llamaban  por ser de origen romano, tuvimos que  partir dejando atrás  tierra y antiguos amigos, al igual que ocurrió con otras comunidades no musulmanas…
—Sí —les explica Gregorios—. La guerra greco-turca  acabó en 1922 con la derrota de Grecia. Nosotros celebramos esa fecha como la “gran catástrofe”, en cambio  para los turcos fue la  victoria de su guerra de independencia o de “liberación”, en la que se desmoronaba el  imperio otomano y nacía la  joven República de Turquía.  Habían sido tales las atrocidades de ambas partes, que de común acuerdo los dos países firmaron un intercambio de poblaciones que dio como resultado el desarraigo de todo nuestro pueblo de  Turquía y de los turcos de Grecia de los lugares donde habían nacido y vivido durante siglos.  El éxodo fue en ambas direcciones…”

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“…—Pero uno de los problemas que surgió con la independencia —añadió  Gregorios—, es que  por el físico era imposible  ya de distinguirnos. No eran años sino siglos de mestizaje. Nuestras mujeres formaron parte del harem de muchos sultanes. Y es por eso, como por físico no podíamos diferenciarnos, que tuvimos que recurrir a la religión.  Por un lado musulmanes, y por otro cristianos. Las  carreteras colapsaban con esas masas humanas  de  más de un millón y medio de griegos y cerca de medio millón de musulmanes… Esa marcha desesperada  para muchos fue una marcha hacia la muerte.  Muy pocos fuimos los que decidimos quedarnos…
—Y tras 2500 años la cultura griega había llegado a su fin…
—Y tras estos grandes desastres se desató el  Gran Incendio de Esmirna, destruyó el barrio cristiano, que era una joya. Lo llamábamos « el pequeño París de Oriente».  Y   se consumió   en un fuego que duró cuatro días y nunca se supo quién o quiénes fueron los culpables.  Así que nos echamos la culpa mutuamente.
—No me hubiese extrañado que fuésemos nosotros —confiesa Gregorius—, nuestro ejército en su retirada practicaba lo que se llama la política de “tierra quemada”… e iba arrasando y quemando todo a su paso… Pero los turcos no se quedaban atrás en represalias… Era la ley del Talión…”

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“…Ellos escuchaban maravillados todas estas historias y quedan prendados  de  esa ciudad, testigo mudo de tanto sufrimiento,  a la que habían azotado todo tipo de calamidades, que había brillado como un sol  y había ardido como un holocausto, o como fragante  incienso que se elevaba al cielo a modo de plegaria y ante sus ojos se levantaba como un ave fénix  que renace  de sus cenizas  orgullosa  y soberbia.
Pudieron comprobar que hoy en día, Esmirna era una ciudad moderna y vibrante, la tercera ciudad más grande de Turquía conocida con los sobrenombres de «İzmir occidental» o «La perla del Egeo». O  «la infiel», como la llama Erdogan, su actual presidente. Pero se llame como se llame, es  merecidamente considerada como la ciudad más occidentalizada de Turquía en términos de valores, costumbres, ideología, e  igualdad de los sexos…”

(Fragmentos del Libro “La Quintaesencia de la Vida”)

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